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Como sucede con el de muchas otras razas caninas, el origen del Labrador es algo confuso, existiendo diferentes teorías acerca del mismo. De todos modos, todas señalan hacia la Isla de Terranova, al Noroeste de Canadá, como el lugar de origen del mismo.

Una de las teorías más aceptadas es la que afirma que, allá por el siglo XVII, la isla servía de refugio a pescadores procedentes del Reino Unido, y que asegura que entre los perros que llevaban a auxiliarles en las tareas de pesca se encontraba el ancestro del actual Labrador. Este ancestro era llamado perro menor de Terranova, o bien Perro de San Juan (St.John’s Dog) que, como ocurre en el caso del Labrador, poseía la singular característica de los dedos palmeados —unidos por una membrana— similar a los de una rana o los de un pato, lo que le favorece a la hora de nadar a una mayor velocidad que el resto de canes.

Fueron aristócratas ingleses, con su reconocida pasión por los perros, quienes introdujeron en su país, hacia 1825, al perro menor de Terranova y, tras diferentes cruces con otras razas de perros cazadores, se fue convirtiendo en lo que conocemos como el actual Labrador Retriever.

Fue en 1903 cuando se realizó el reconocimiento de la raza por parte del Kennel Club inglés, mucho tiempo después de que esos primeros Labradores llegasen a las Islas Británicas. Después del reconocimiento del Kennel Club, encontramos los grandes nombres que cimentaron la historia moderna de la raza. Con el ideal de la raza redactado en el primer estándar, fechado en 1916, los principales criadores comenzaron a trabajar con el objetivo de acercarse a ese estándar. El primero de todos los criadores reconocidos fue A. Holland Hibbert, vizconde de Knutsford, que llevaba desde 1884 criando y manteniendo escrupulosamente la pureza de sangre en el Labrador. Ejemplares como «Munden Single» o «Munden Sentry» comenzaron a escribir la historia de los logros del Labrador en pruebas de campo. Otro nombre de peso en esa época fue «Flapper», ganador de numerosas pruebas de campo en la primera década del siglo XX.

«Banchory Bolo», propiedad de los Condes de Howe, pasó a la historia por ser el primer campeón «dual», de belleza y trabajo, registrado en el Reino Unido.

En la década de los años 30, dos Labradores alcanzaron el título de Best in Show en Crufts: CH. «Bramshaw Bob», propiedad de Lady Howe, que lo ganó sucesivamente los años 1932 y 1933, y CH. «Cheverella Ben of Banchory», que lo hizo cuatro años después, algo que no se ha vuelto a repetir hasta el momento.

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